
Esa “carrera” mencionada por Pablo es nuestro tránsito por este mundo terrenal, lugar donde somos extranjeros, peregrinos que vinimos a calificar sobre si merecemos trascender o podrirnos atados a todo aquello que deslumbra nuestros sentidos y que muchas veces hasta nos hace perder la visión del camino, distrayéndonos con cosas banales que al final nos hace gastar la vida en trivialidades que complacen nuestros sentidos o nuestros egos personales, olvidando por completo nuestra vocación de hijos predilectos de un Dios que nos ofrece vida eterna a su lado, tanto así, que muchos de los que se califican de creyentes ni siquiera se preocupan de garantizar un puesto en esa vida eterna a sus seres queridos, ¿se imagina usted ganándose un lugar en el cielo y que al llegar allí no haya nadie de sus amigos ni seres queridos?... ¡tranquilícese! pues eso no podrá suceder, por una sencilla razón: si usted ha sido lo suficientemente egoísta para ocuparse de su exclusiva salvación, de seguro que tiene ganado el infierno pues olvidó algo que el propio Jesucristo nos mandó: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos’. (San Marcos 12:31).
Ahora, si usted decidió seguir ese segundo mandamiento y colabora en que “la carrera” sea completada por todos aquellos que están a su alrededor, ¿se le ocurriría cargar por ejemplo con una cantimplora de agua, chocolates, sándwiches por si le da hambre, spray por si le da calambres, paraguas por si llueve, bloqueador solar por si hay mucho sol, linterna por si la noche es muy oscura?, ¿verdad que no?, en especial si sabe que tiene un asistente que le provee de todo.
Si en una carrera común y corriente lo anterior es ridículo, como no ha de ser inútil el distraerse cumpliendo ritos y creencias, perdiendo el tiempo en cumplir tanta parafernaria teniendo instrucciones tan simples y claras del propio Jesucristo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (San Juan 14:6). Usted decide cómo hacer el viaje: ¿con maletas pesadas o con el equipo y asistente correctos?
Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Pluma Cristiana, Diario El Tiempo, Ministerio Vivo Para Cristo
Ahora, si usted decidió seguir ese segundo mandamiento y colabora en que “la carrera” sea completada por todos aquellos que están a su alrededor, ¿se le ocurriría cargar por ejemplo con una cantimplora de agua, chocolates, sándwiches por si le da hambre, spray por si le da calambres, paraguas por si llueve, bloqueador solar por si hay mucho sol, linterna por si la noche es muy oscura?, ¿verdad que no?, en especial si sabe que tiene un asistente que le provee de todo.
Si en una carrera común y corriente lo anterior es ridículo, como no ha de ser inútil el distraerse cumpliendo ritos y creencias, perdiendo el tiempo en cumplir tanta parafernaria teniendo instrucciones tan simples y claras del propio Jesucristo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (San Juan 14:6). Usted decide cómo hacer el viaje: ¿con maletas pesadas o con el equipo y asistente correctos?
Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Pluma Cristiana, Diario El Tiempo, Ministerio Vivo Para Cristo