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Sepulcros Blanqueados

Mateo 23: 27, 28

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”.


En la vida cristiana veremos de todo, como dice un dicho por ahí: “de todo hay en la viña del Señor”, pero cada uno de nosotros será responsable de presentarse como obrero sin mancha delante del Señor, eso significa ser ejemplo a las personas que es posible vivir una vida agradable a Dios.

Pero por otro lado también todos estamos expuestos a caer en momento determinado en lo que el mismo Señor Jesús dice: “Sepulcros Blanqueados”.

¡Que Dios nos guarde de caer en ese apelativo! Y es que de no tener cuidado podemos estar cayendo en el.

¿Qué es un Sepulcro Blanqueado?, ya Jesús lo menciona en los versículos que leímos al inicio: “se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”.

Ahora bien en lenguaje popular podemos decir que un sepulcro blanqueado es todo aquel “cristiano” que tiene una apariencia de santidad y comunión con Dios, pero que realmente por dentro no esta experimentando una verdadera comunión con Dios, y mas allá de eso mantiene una vida llena de pecado, que a lo mejor no se muestra delante de las personas, pero que si está ahí y está afectando su relación personal con el Señor.

Y es que es muy fácil aparentar algo que no es cierto, ¿Cuántas veces hemos andado en pecado y hemos aparentado santidad?, es que pienso que una de las cosas mas fáciles de hacer en el cristianismo es engañar a las personas, mostrando una aparente devoción y amor por el Señor, cuando realmente en su vida intima esta dejando mucho que desear. A esta clase de personas se les llama: Hipócritas.

¿Cuántas veces has ido a tu congregación a levantar tus manos par alabar a Dios, cuando hace algunos minutos u horas habías estado concretando el pecado?, y no digo esto para acusarte, ni muchos menos para hacerte sentir indigno, porque no es ese el punto, lo digo porque no es posible que mientras Dios este demandando de nosotros santidad, nosotros le estemos pagando con una doble vida, esa doble vida que me llevará directo a la derrota espiritual, porque quiero decirte que nadie, absolutamente nadie puede jugar con Dios.

En Gálatas 6: 7 leemos: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Y es que esta palabra es totalmente verdadera, si tu siembras pecado oculto, cosecharas derrota espiritual, si tu siembras una doble vida, cosecharas la hipocresía, así de simple y fácil.

No se trata de condenar a nadie, al contrario este es un toque de alerta, es una sirena que esta anunciando que las cosas no están caminando como tienen que caminar, que urge un cambio de actitud hacia Dios y sobre todo dejar aun lado la apariencia engañosa de la cual estamos siento parte.

¿A quien tratas de engañar?, ¿A Dios?, ¿A tus lideres?, ¿A tu familia?, ¿A tus amigos?, ¿A quienes?, quiero decirte que puedes engañar a todos los que quieras, pero jamás engañaras a Dios, ni mucho menos te engañaras a ti mismo, cada uno de nosotros sabe muy bien que es lo que estamos haciendo y como estamos caminando este sendero de justicia y verdad, ¿Estaremos siendo justos?, ¿Estaremos caminando en la verdad?, Cada uno juzgue su propio estado espiritual y de la manera que evalué también trate de mejorar aquellas áreas que necesitan una mejora.

Creo que nadie quiere ser llamado "Sepulcro Blanqueado", pero lastimosamente muchas veces lo estamos siendo. Ya no es tiempo de demostrar algo exterior que realmente no nace de lo interior, sino mas bien es un simple teatro que nos esta siendo galardonadores de un oscar en el mismo infierno, es hora de ser sinceros con nosotros mismos, de reconocer nuestras debilidades y flaquezas delante del Señor, de rendirnos a sus pies y decirle: Ya no puedo mas con esta doble vida. Es momento de que la sinceridad y humildad sea la llave que abra una nueva relación personal con el Señor.

Recuerda que lo que dice 1 Pedro 4: 18 “Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador?”, yo creo que todos aquellos que estamos en esta carrera, anhelamos que nuestra meta sea el cielo, pero que triste será que por ser sepulcros blanqueados, engañándonos a nosotros mismos, un día el Señor nos diga: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).

Amados hermanos, es hora de quitarnos de encima toda carga que nos esta llevando al fracaso espiritual, es momento de sincerarnos delante de Dios y reconocer nuestro estado espiritual y si es necesario que el alfarero moldea algunas partes de nuestra vida, aun cuando esto sea doloroso, sometámonos al proceso, pues al finalizar serás una vasija útil en las manos del Señor.

¿Sepulcros Blanqueados?, ó ¿Sinceros y Humildes? Tú eliges que apelativo deseas para tu vida.

Autor: Enrique Monterroza
Tomado de: Reflexiones y Devocionales
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"¿Por qué te fijas en lo malo que hacen otros, y no te das cuenta de las muchas cosas malas que haces tú? Es como si te fijaras que en el ojo del otro hay una basurita y no te dieras cuenta de que en tu ojo hay una rama. ¿Cómo te atreves a decirle a otro: Déjame sacarte la basurita que tienes en el ojo, si tú tienes una rama en el tuyo? ¡Hipócrita! Primero saca la rama que tienes en tu ojo, y así podrás ver bien para sacar la basurita que está en el ojo del otro”

Estas frases constituyen para mí la máxima regla de sabia convivencia humana; la necesidad de autocrítica, la más difícil de las críticas, en contraposición a la más fácil: criticar al prójimo.

Una crítica encierra el haber efectuado un análisis comparativo de: “lo que tú haces, contra lo que yo creo que debes hacer”, esto derivado a la vez de otro juicio de valor: “tu haces eso porque piensas en forma equivocada, mejor piensa como yo y harás las cosas bien”. Imponer un: “tú estás equivocado, yo tengo la razón, mi verdad es la buena, la tuya es la mala”, es solo poder de Dios.

La crítica muchas veces va acompañada de algo peor, en criollo se dice “cachicamo diciéndole a morrocoy conchudo”, lo cual implica otra cualidad por desgracia muy común y frecuente: el fariseísmo, aquellos que como el cura Gatíca “predican pero no practican”, fariseos de los cuales el propio Jesucristo dictaminó:“ hagan como ellos dicen, mas no hagan como ellos hacen”.

Es que todo aquello que decimos y hacemos definen lo que está en nuestros corazones, en especial la lengua: ese pequeño órgano de nuestro cuerpo que a veces corta más que un cuchillo de carnicero. El discurso concordante con la acción es trascendente, es la herencia más notoria que se trasmite de padres a hijos, de allí la pandemia más poderosa y aniquiladora de nuestro país: la corrupción, ¿cómo puede un hijo hacer distinto si crece viendo a sus padres que cobran o pagan por corrupción?

Se pretende cambiar el país con leyes, decretos y reglamentos, pero ellos son letra muerta a la hora de no haber respaldo en un buen ejemplo, se habla del “hombre nuevo” y no se ve cambio alguno en quien vocifera tal consigna, se habla de amor, ternura y derechos humanos, y lo que está a la vista es una imagen wagneriana de un oficial represivo que cual Nerón contemporáneo pone música tras arremeter con la violencia de las bombas y perdigones, para terminar recitando una arenga al más puro estilo hitleriano.

La experiencia es desalentadora: el país vive en un enfrentamiento sin cuartel que no cesa, ninguno de los bandos ve la viga en el propio ojo, en circunstancia que la mayoría de las veces los protagonistas por ambas partes cargan sendos “rabos de paja”. Se podrán hacer miles de leyes y dictar millones de reglamentos, pero la verdadera revolución no llegará en tanto el corazón de los hombres no cambie.

“El Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto”. ¿Se consigue esto con leyes o constituciones humanas?

Autor: Helmut Schatte
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Actualmente el farisaísmo es la actitud predominante. Creo que su origen nace de la incredulidad en Dios y ésta, a su vez, en la soberbia del hombre expresada en su actitud autosuficiente, autosuficiencia por demás absurda que queda ridículamente al desnudo, toda vez que lo azota una calamidad pública o una desgracia personal. El hombre dice creer en Dios, pero no lo ve como padre. Muchos lo ignoran en circunstancias en las cuales, un padre normal desea que sus hijos crezcan y se desarrollen en el buen camino, gozándose sus triunfos, de la misma forma los hijos muestran, a través de su vida de adultos, la significación y la trascendencia de haber contado con padres amorosos. Otros, los malagradecidos, cumplen con eso de: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”

Tenemos un padre maravilloso y lo ignoramos. La humanidad entera tiene un padre que nos hizo “a su imagen y semejanza”. En esto, la mayoría de las religiones están de acuerdo. Si ese es el caso, ¿por qué nos acordamos de él, sólo cuando estamos en dificultades o enfrentamos una situación extrema de dolor o de terror? ¿Qué hombre habrá de vosotros, si un hijo le pide pan? ¿Le dará una piedra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro padre que está en los cielos, os dará buenas cosas a los que os pidan? (Mateo 7: 9,11) El hombre descubrió la ciencia y cree que, a través de ella, puede encontrar explicación a todo, desconociendo que la ciencia sólo muestra el orden impuesto por el creador.

Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, tras hacerlo, se toma la cabeza a dos manos, preguntándose: ¿Por qué me sucede esto? Insiste en algo para lo cual no estamos dotados, olvidando que cada quien fue creado con habilidades y dones específicos, debiendo consultar con el “fabricante” para saberlo, pero no lo hacemos, optamos, más bien, por sentirnos sabios en nuestra propia necedad.

Vivimos en un país dividido en dos toletes, al parecer, irreconciliables, al punto de algunos proclamar: “Patria, socialismo o muerte”. La muerte es la herramienta favorita de los fanáticos ciegos. La única salida está en volver a los estatutos del creador. Gobernantes y gobernados, deberíamos recordar lo dicho en Proverbios: “El temor de Dios es aborrecer el mal. La soberbia y la arrogancia, el mal camino y la boca perversa aborrezco”. “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra. Mas con los humildes está la sabiduría”.

“En cuanto al terror que infundías, te ha engañado la soberbia de tu corazón; tú que vives en las hendiduras de las peñas, que ocupas la cumbre del monte. Aunque hagas tu nido tan alto como el del águila, de allí te bajaré, dice el Señor” (Jeremías 49:16)

“Seis cosas aborrece Dios y aún siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras y el que siembra la discordia entre hermanos”. Proverbios 16: 16-19. El que tenga oídos que oiga.

Autor: Helmut Schatte
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Gálatas 5:9

“Un poco de levadura, leuda toda la masa.”


La levadura, es un ingrediente utilizado mayormente por los panaderos y personas que trabajan con la repostería o panadería. Se usa en el caso de los panes para dar un crecimiento ficticio y hacerlos mas gustosos y mejor vistos al ojo humano. Hoy día la levadura juega un papel importante en lo que es el arte de la panadería.

Como seres humanos llenos de imperfecciones cuando llegamos a los pies de Cristo venimos con mucha levadura que en su momento ha de manifestarse en nuestras vidas y que si no nos deshacemos de ella puede ser de gran problema para nuestra vida espiritual y terminaremos siendo unos fariseos; conocedores de la ley pero que solo la aplicamos para otros hermanos en vez de aplicarlas a nuestras propias vidas.

El Sr. Jesucristo en varios pasajes les advirtió a sus discípulos que se cuidaran de la levadura de los fariseos, pues de no cuidarse de la levadura tal vez pudieron haber terminado sus historias bíblicas siendo fariseos.

Amado hermano, en este momento el Sr. Jesús te recuerda que te guardes de la levadura de los fariseos y de los saduceos (Mateo 6:16).

En nuestras congregaciones hoy día no faltan esos fariseos, hombres conocedores de la ley, hombres que porque Dios les habla ya se creen los mas espirituales, hombres que se vanaglorian en demasía por lo que Dios ha puesto en ellos, hombres que hablan de no criticar o hablar del hermano pero que en realidad son los que mas hablan, critican y destruyen con sus bocas al hermano en cuestión.

¿Será que la murmuración, críticas, disensiones, envidias, contiendas, etc., son frutos del Espíritu? ¿Será que mostrando los frutos de la carne heredaré el reino de Dios?

En 1 Corintios 5:6-13, Pablo le dice a la iglesia de corinto y en este momento el Sr. Jesús te recuerda que no es buena la jactancia, que nos limpiemos de la vieja levadura para que seamos nueva masa sin malicia ni maldad, que seamos sinceros y verdaderos. Que no nos envolvamos con los fornicarios, avaros, ladrones, idolatras que hay en el pueblo de Dios. Cuidémonos de esos lobos rapaces vestidos de ovejas que andan dejándose usar por Satanás y que andan engañando aun a los escogidos de Dios, esos que no tienen buen fundamento ni una buena relación con el Señor.

Amado hermano, recuerda que un poco de levadura, leuda toda una masa. Guárdate de la levadura de los fariseos.

Autor: Kenny Quijada
Escrito para: Devocional Diario.com
Publicado en: http://blog.vivoparacristo.info/
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Me quedó en la mente eso de la concordancia que debe existir entre lo que se confiesa con la boca y lo que se hace, esa unidad de creer/obrar que a primera instancia luce como natural pero que la realidad diaria se nos muestra como el gran drama en toda la historia de la humanidad.

¿No ha conseguido usted a quien confiesa ser ingeniero o abogado, pero al ir a la consulta profesional viene la excusa argumentando: "¡Bueno!... me gradué como tal pero nunca ejercí la profesión”?, la pregunta cae de maduro: ¿es de verdad esa persona ingeniero o abogado?, ¿ser profesional se reduce a tener un papel que lo declare como tal?, en la vida del hombre: ¿qué es lo mas importante en su relación de pareja?... ¿la partida de matrimonio que los declara como marido y mujer?, ¿o el compromiso personal y auténtico entre los integrantes?, aquí podemos ver con claridad que lo mas importante, lo trascendente, lo verdaderamente vinculante es el compromiso; existiéndolo, el matrimonio es fuerte, la fidelidad es posible, también la confianza, la sinergia y el respeto, esto demuestra que la declaración formal en un papel es solo un ritual impuesto por razones de orden social en una sociedad incapacitada para ir mas allá que pedir una firma en un documento, pues no puede obligar a nadie a que sea y haga conforme a lo que declara tener en su corazón, he aquí donde reside el gran problema del hombre, actual, pasado y futuro si no hay cambio: son muy pocos los que reflejan en sus actos cotidianos lo que declaran pensar o lo que supone que sean por lo que dicen creer basados en “el bendito papel que lo nombra como jefe, juez, profesional, padre, madre, esposo, esposa o cualquier condición humana”, nuestro mundo está lleno de fariseos que proclaman en discursos floridos “lo que se debe hacer”, mas con sus actos proclaman “lo que no se debe hacer”.

Cada uno de nosotros, unos mas unos menos, caemos en la categoría de fariseos, empezando por el ejemplo que damos a nuestros hijos, desde la “inocente orden” dada al repicar el teléfono de contestar a quien lo solicite: “dile que no estoy”, hasta el mas grave y trascendente del que se queja de tanta corrupción y sin embargo “la paga o la cobra”, a cada rato, en cada rincón de nuestra vida encontramos a quienes viven haciendo “pequeñas trampas”, a quienes practican como costumbre las “mentiras blancas”, los que roban “cositas pequeñas” de la oficina, los que cobran “un poquito mas de lo justo”, los que alteran en “unos cuantos gramitos” las balanzas, los que creen que defraudar al banco o al seguro es un “pecado venial”, los que se declaran ser cristianos o católicos “a su manera”, los que son un “poco chismosos o un poquito criticones”, todos ellos deberían entender la célebre frase de Hamlet de “ser o no ser, ese es el asunto”.

Dios nos reclama integridad; creemos que podemos ser un poquito malos, como si tal costumbre no nos contaminara, por ello Jesucristo alguna vez nos increpó: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Elías cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mi”.

Autor: Helmut Schatte Vera
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