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La soberbia es un pecado tan común que por su popularidad pasa mimetizada como parte del paisaje, la soberbia es la que lleva a los hombres a erigirse como su propio dios, su escala de valores y prioridades son tan monotemáticas pues empiezan con un "yo" y terminan con el mismo "yo". "Jalisco nunca pierde", es testarudo al extremo, normalmente le fascina que lo adulen, se distinguen en el grupo pues nadie quiere discutir con él pues tal acción es considerada como una agresión en su contra o una clara pérdida de tiempo, cuando junta tal adorno con ignorancia y autoridad, se transforma en algo mucho más peligroso que un niño manejando una locomotora.

No acepta consejos ni le importa opinión que no sea la propia, si se le lleva la contra cae fácilmente en la violencia. "Por la soberbia sólo viene la contienda, mas con los que reciben consejos está la sabiduría"(Proverbios13:10).

El soberbio cree saberlo todo y tener la razón en todo, recurre a cualquier medio, como la mentira y la manipulación para demostrar su superioridad. Cuando confiesa creer en Dios miente, pues el dios que lo gobierna es su propio ego, su propia visión del mundo, su propia sabiduría, justicia y normativa. "Enmudezcan los labios mentirosos, que arrogantes hablan contra el justo con soberbia y desprecio." (Salmos 31:18)

El antónimo de soberbia es humildad, el humilde calla, el soberbio vocifera y amenaza, el humilde oye consejo, el soberbio en su ceguera corre hacia el precipicio sin titubear, se niega a ver que su final fatal está en el fondo del despeñadero. “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Más con los humildes está la sabiduría”. (Proverbios 11:2).

Como no acepta consejo que no sea el propio, nadie puede impedir su autodestrucción, lo único que escucha y agrada son los aplausos de los que le adulan, es feliz mientras su sueño dura, generoso con quien le lleva la corriente, no acepta más reglas que las propias. "Los amonestaste para que volvieran a tu ley, pero ellos obraron con soberbia y no escucharon tus mandamientos, sino que pecaron contra tus ordenanzas, las cuales si el hombre las cumple, por ellas vivirá. Y dieron la espalda en rebeldía, endurecieron su cerviz y no escucharon". (Nehemías 9:29). "El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado, y no habrá para él medicina." (Proverbios 29:1).

Los soberbios aprovechan la ignorancia para jactarse de su supuesta brillantez y ser admirados como sabios, pero solo se engañan a sí mismos, la soberbia es uno de los pecados que difícilmente logran el perdón de Dios. "En cuanto al terror que infundías, te ha engañado la soberbia de tu corazón; tú que vives en las hendiduras de las peñas, que ocupas la cumbre del monte. Aunque hagas nido tan alto como el del águila, de allí te haré bajar, declara el Señor." (Jeremías 49:16).

Soberbia: "Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros. Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás".

Escrito para: Diario El Tiempo y Ministerio Vivo Para Cristo
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“Tenía, entonces, la tierra una sola lengua y unas mismas palabras y aconteció que cuando salieron de Oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar y se establecieron allí y se dijeron unos a otros: ¡Vamos!; hagamos ladrillos y cosámoslos con fuego y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra y el asfalto en lugar de mezcla y dijeron: ¡Vamos!; edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”.

Una sola lengua y unas mismas palabras sin malas interpretaciones. Cocieron adobes de barro en fuego, convirtiéndolos en ladrillos para suplir la carencia de piedras y estructurar sus edificaciones, también descubrieron que el asfalto les podía servir de cemento, así que, orgullosos de su inteligencia decidieron construir una ciudad con una torre, la cual fuese tan alta como para llegar al cielo. Esto les traería prestigio, pues en toda la tierra sabrían quiénes fueron los ejecutores de tamaña proeza. En pocas palabras, tal torre se convertiría en el más enorme monumento a la vanidad humana: “Si nos dispersan, tendremos la suficiente fama para que nos reconozcan en toda la tierra”.

Estos protagonistas eran descendientes de Noé, actor principal de otra historia muy conocida como es la del “Arca de Noé”, pero a diferencia del obediente Noé, estos pretendían erigirse cual dioses para ser reconocidos en toda la tierra.

¿Fábula? ¿suceso real? Para mí eso es irrelevante. Así fueren parábolas bíblicas, tienen tanto sentido como las que narró Jesucristo. Ambos proyectos vistos desde la perspectiva actual se repiten en nuestro presente, no necesariamente en forma de Arca o de Torre, pero sí en hechos concretos.

El Arca de Noé, gran proyecto de Dios salvó a la humanidad, en cambio, los grandes proyectos del hombre no han sido inspirados ni encomendados a Dios. Por ello, rematan indefectiblemente en obras demoníacas para servir de destrucción. Es cosa de fijarse en las aeronaves, los satélites, la energía atómica y tantas otras obras, producto del afán explorador del hombre terminan siendo armas de guerra y destrucción, pero….¿y Babel?; nadie ha pretendido en la actualidad “llegar al cielo”, pero la resultante del empeño de Babel sí está presente en forma por demás nítida en nuestros días: ¿Recuerdan cómo Dios castigó a esos presuntuosos constructores?: “He aquí el pueblo. Es uno y todos tienen un solo lenguaje y han comenzado la obra. Nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”.

¿Suena familiar?, ¿no se pretende aquí construir una “torre” (proyecto político) visible para todo el mundo? ¿acaso no estamos sintiendo que hay un pueblo hablando la misma lengua con las mismas palabras y una mitad no se entiende con la otra mitad? ¿Necesitaremos, también que nos dispersen como hizo Dios con los constructores de la Torre de Babel? ¿hasta dónde llegará la soberbia?

Autor: Helmut Schatte Vera
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Actualmente el farisaísmo es la actitud predominante. Creo que su origen nace de la incredulidad en Dios y ésta, a su vez, en la soberbia del hombre expresada en su actitud autosuficiente, autosuficiencia por demás absurda que queda ridículamente al desnudo, toda vez que lo azota una calamidad pública o una desgracia personal. El hombre dice creer en Dios, pero no lo ve como padre. Muchos lo ignoran en circunstancias en las cuales, un padre normal desea que sus hijos crezcan y se desarrollen en el buen camino, gozándose sus triunfos, de la misma forma los hijos muestran, a través de su vida de adultos, la significación y la trascendencia de haber contado con padres amorosos. Otros, los malagradecidos, cumplen con eso de: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”

Tenemos un padre maravilloso y lo ignoramos. La humanidad entera tiene un padre que nos hizo “a su imagen y semejanza”. En esto, la mayoría de las religiones están de acuerdo. Si ese es el caso, ¿por qué nos acordamos de él, sólo cuando estamos en dificultades o enfrentamos una situación extrema de dolor o de terror? ¿Qué hombre habrá de vosotros, si un hijo le pide pan? ¿Le dará una piedra? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro padre que está en los cielos, os dará buenas cosas a los que os pidan? (Mateo 7: 9,11) El hombre descubrió la ciencia y cree que, a través de ella, puede encontrar explicación a todo, desconociendo que la ciencia sólo muestra el orden impuesto por el creador.

Se dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, tras hacerlo, se toma la cabeza a dos manos, preguntándose: ¿Por qué me sucede esto? Insiste en algo para lo cual no estamos dotados, olvidando que cada quien fue creado con habilidades y dones específicos, debiendo consultar con el “fabricante” para saberlo, pero no lo hacemos, optamos, más bien, por sentirnos sabios en nuestra propia necedad.

Vivimos en un país dividido en dos toletes, al parecer, irreconciliables, al punto de algunos proclamar: “Patria, socialismo o muerte”. La muerte es la herramienta favorita de los fanáticos ciegos. La única salida está en volver a los estatutos del creador. Gobernantes y gobernados, deberíamos recordar lo dicho en Proverbios: “El temor de Dios es aborrecer el mal. La soberbia y la arrogancia, el mal camino y la boca perversa aborrezco”. “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra. Mas con los humildes está la sabiduría”.

“En cuanto al terror que infundías, te ha engañado la soberbia de tu corazón; tú que vives en las hendiduras de las peñas, que ocupas la cumbre del monte. Aunque hagas tu nido tan alto como el del águila, de allí te bajaré, dice el Señor” (Jeremías 49:16)

“Seis cosas aborrece Dios y aún siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras y el que siembra la discordia entre hermanos”. Proverbios 16: 16-19. El que tenga oídos que oiga.

Autor: Helmut Schatte
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El hombre en su soberbia y poca fe se pregunta cuando esta atribulado: ¿donde está Dios? como si existiera el lugar donde Él no esté, como si el sol no alumbrara en las noches y en días nublados. En los momentos de angustia hay quienes se rebelan y quienes se doblegan ante su autoridad, ¿en cuál grupo está usted?

En el Antiguo Testamento hay un libro que describe el sufrimiento del justo: “Job” , descrito en 1:1 “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto; temeroso de Dios y apartado del mal”, vino Satanás ante Dios alegando que tan bueno era por estar protegido por el “cercado alrededor de él, su casa y todo lo que tiene”, desafía diciendo: “Pero extiende tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” ( Job 1:11) , en plena confianza sobre la fidelidad de su siervo Job, Dios da permiso a Satanás: “He aquí, todo lo que tiene en su mano; solamente no pongas su mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová”. (Job 1: 12).

Job clama: “Prosperan las tiendas de los ladrones, y los que provocan a Dios viven seguros. En cuyas manos El ha puesto cuanto tienen. (Job 12: 6). Dios lo permite: “Si El derriba no hay quien edifique; encerrará al hombre, y no habrá quien le abra. Si El detiene las aguas, todo se seca; si las envía, destruye la tierra. Con Él está el poder y la sabiduría; suyo es el que yerra y el que hace errar. Él, hace andar despojados de consejo a los consejeros, y entontece a los jueces. Él rompe las cadenas de los tiranos, y les ata una soga a sus lomos.

Él lleva despojados a los príncipes, y trastorna a los poderosos. Priva del habla a los que dicen la verdad, y quita a los ancianos el consejo” (Job 12: 14-20). Job fue salvado por su fe a toda prueba.

Dios prueba la fidelidad: Zacarías 13: 8- 9: “Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera parte quedará en ella. Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y el dirá: Jehová es mi Dios”.

El mensaje de Dios está a disposición; nadie se salva alegando en su defensa la propia ignorancia; nuestros pueblos han repetido los errores del Israel bíblico, adorando al dios dinero, al dios sexo, al dios poder, incurriendo en idolatría, siguiendo a falsos profetas, recurriendo a adivinas, brujos, santeros y paleros, dando la espalda a Dios Padre, creador de lo visible e invisible, inventando auto justificación para sus errores, son muchos los fariseos que tuercen la Palabra y la acomodan para fabricar maldad.

“Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).

Los tiempos hacen parecer que los malos triunfan, pero para quien en Dios tiene fe el mensaje es claro: “No te impacientes a causa de los malignos. Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados. Y como la hierba verde se secarán”. (Salmo 37: 1-2).

Autor: Helmut Schatte Vera
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