
Hebreos (12:4) dice: “Cada palabra que Dios pronuncia tiene poder y tiene vida. La Palabra de Dios es más cortante que una espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Allí examina nuestros pensamientos y deseos, y deja en claro si son buenos o malos”. No habla de “cañones ni láseres”, como se diría hoy, para demostrar eficacia. En todos los tiempos la espada ha simbolizado el poder para herir o matar, para vivir o morir, para victoria o derrota, por ello no resulta conveniente ser desenvainada por quien no sepa usarla, no sólo se necesita destreza para esgrimirla, es preciso escoger bien la oportunidad de hacerlo, no es cosa de andar por ahí con la espada desnuda atemorizando a creyentes y no creyentes , hay veces que el silencio y la humildad son más oportunos y eficientes. “Espadachín que no sabe cuándo ni cómo usarla, resulta más peligroso que mono con hojilla”.
Más aún; reemplacemos la figura de la espada por lo más cortante y filoso que se conoce hoy: el bisturí, el cirujano es quien sabe usarlo, si lo hace mal puede traer muerte, si bien trae vida, también debe saber distinguir cuando no usarlo por no ser necesario.
Nuestras palabras son las que nos comprometen, así nuestra lengua puede ser herramienta de salvación o condena. El apóstol Santiago es muy locuaz al respecto, nos dice en su carta (3:20) “Todos cometemos muchas faltas. ¿Quién, entonces es una persona madura? Sólo quien es capaz de dominar su lengua y dominarse a sí mismo”, en 3:9-10 agrega “Con nuestra lengua podemos bendecir o maldecir. Con ella alabamos a nuestro Dios y también insultamos a nuestros semejantes, que Dios hizo parecidos a Él mismo. Hermanos, ¡esto no puede ser!”.
Jesús en Mateo 7:21 aclara: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. “Venga tu reino. Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:9). ¿Cuántos repiten estas palabras cada día?, ¿cuántos las aplican?
He aquí las bocas flojas, esas que dicen pero no hacen, son los Fariseos de ayer y de hoy, sobre ellos Jesucristo dijo: “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. (Mateo 23: 3-4).
Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Ministerio Vivo Para Cristo
Más aún; reemplacemos la figura de la espada por lo más cortante y filoso que se conoce hoy: el bisturí, el cirujano es quien sabe usarlo, si lo hace mal puede traer muerte, si bien trae vida, también debe saber distinguir cuando no usarlo por no ser necesario.
Nuestras palabras son las que nos comprometen, así nuestra lengua puede ser herramienta de salvación o condena. El apóstol Santiago es muy locuaz al respecto, nos dice en su carta (3:20) “Todos cometemos muchas faltas. ¿Quién, entonces es una persona madura? Sólo quien es capaz de dominar su lengua y dominarse a sí mismo”, en 3:9-10 agrega “Con nuestra lengua podemos bendecir o maldecir. Con ella alabamos a nuestro Dios y también insultamos a nuestros semejantes, que Dios hizo parecidos a Él mismo. Hermanos, ¡esto no puede ser!”.
Jesús en Mateo 7:21 aclara: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. “Venga tu reino. Hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:9). ¿Cuántos repiten estas palabras cada día?, ¿cuántos las aplican?
He aquí las bocas flojas, esas que dicen pero no hacen, son los Fariseos de ayer y de hoy, sobre ellos Jesucristo dijo: “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. (Mateo 23: 3-4).
Autor: Helmut Schatte
Escrito para: Ministerio Vivo Para Cristo