
Imaginemos la siguiente situación: si se anunciase que el planeta tierra va rumbo a su destrucción, amenazado fatalmente por una colisión con un meteorito gigante, disponiendo solo de un lapso que permita planificar la mudanza de nuestra civilización a otro planeta del Sistema Solar, donde las condiciones de vida son muy distintas a las que conocemos, quienes se postulen para esa mudanza deberán ser sometidos a un entrenamiento minucioso, ¿Cuál sería nuestra actitud?, ¿sería de indeferencia o correríamos a tomar el curso?, ¿nos callaríamos o llamaríamos a cuanto amigo y familiar para anotarnos?. En forma similar vivimos la paradoja de declarar creer en Dios y en su hijo Jesucristo, también en la existencia de una vida eterna, de un manual que nos prepara para ir a su encuentro, pero aún así…. ¡qué pocos lo buscan!, ¿tiene eso sentido?
Amo a mis hijos, a mi esposa y familia, a mis amigos. Por ello, sigo las órdenes emanadas de la palabra de Dios, proclamando donde y cuando tengo la oportunidad sobre la necesidad de advertir a quien quiera oír o leer, para que nadie ignore las instrucciones a seguir para ser merecedor de esa salvación, el otro camino conduce irremediablemente al infierno, sea cual sea la imagen de infierno que se tenga.
Mi hija me ha preguntado si quería “cambiar su fe”, mi respuesta fue y es “no”; no soy quien para juzgar la fe de nadie, sólo la invito a liberarse de tanto paradigma inútil que configura una situación similar a esa que tantas veces hemos vivido cuando llegamos a la conclusión de que hemos hecho un viaje de una semana cargando con un equipaje para todo un mes. Para aliviar ese “sobrepeso de equipaje”, esos paradigmas equivocados, le recomendé empezar por escudriñar los siguientes pasajes bíblicos:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso”. Éxodo 20:3. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6.
Este sólo sería el primer paso para liberarse de sobrepesos que anclan. El camino es angosto y difícil, pero pese a sus dificultades, una vez tomado brinda agradables sorpresas…. ¡lo certifico!
Mi hija me ha preguntado si quería “cambiar su fe”, mi respuesta fue y es “no”; no soy quien para juzgar la fe de nadie, sólo la invito a liberarse de tanto paradigma inútil que configura una situación similar a esa que tantas veces hemos vivido cuando llegamos a la conclusión de que hemos hecho un viaje de una semana cargando con un equipaje para todo un mes. Para aliviar ese “sobrepeso de equipaje”, esos paradigmas equivocados, le recomendé empezar por escudriñar los siguientes pasajes bíblicos:
“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso”. Éxodo 20:3. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6.
Este sólo sería el primer paso para liberarse de sobrepesos que anclan. El camino es angosto y difícil, pero pese a sus dificultades, una vez tomado brinda agradables sorpresas…. ¡lo certifico!
¡Anímese ahora!
Para luego puede ser tarde.
Para luego puede ser tarde.