
Son muchos los caminos que el hombre toma para llegar a Dios, pero no todos son correctos; algunos adoran dioses falsos, otros se van por las ramas y rinden culto a hombres que aunque tras una vida ejemplar siguiendo a Cristo, olvidan lo que el propio Jesucristo dijo: “nadie viene al Padre, sino por mí”, no todos los caminos conducen a Dios, pero solo El tiene el veredicto final, me imagino que muchos de los que viven juzgando a su prójimo se llevarían mayúscula sorpresa de llegar al Paraíso ante los huéspedes inesperados que encontrará.
Muchos de los que declaran amar a Dios no hablan de un dios de amor, aman a un dios extraño y violento que los manda a poner tropiezo a todo aquel que profese una creencia distinta, algunos de ellos van al extremo del fanatismo ciego, eso los lleva en su etapa terminal a la propia inmolación suicida, como fue lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 con el horrible ataque a las torres gemelas del World Trade Center, allí se inicia la nueva etapa de intolerancia, la misma que tuvo posterior expresión en Madrid y Londres: con el terrorismo de Al Qaeda la consigna es “hago daño a los tuyos, así sean civiles, mujeres, niños o ancianos, porque no piensas como yo, porque eres distinto a mi, porque no luces como yo, porque no vives como yo”. Intolerancia religiosa y política basada en posiciones fundamentalistas, sectarias y excluyentes.
Los Estados Unidos de Norteamérica desde sus inicios se caracterizó por la constante invocación de Dios en toda actividad y lugar, llegó a la cima del mundo en lo político, militar y económico, pero poco a poco se fue olvidando de Dios, olvidó su compromiso y lo establecido por la Palabra: “Pero si mi pueblo se humilla, y ora y me busca, y si al mismo tiempo abandona su mala conducta, yo escucharé desde el cielo su oración, perdonaré sus pecados y los haré prosperar de nuevo”. El día 11 parece emblemático, ¿nos servirá de algo esa experiencia judía y norteamericana?.
Autor: Helmut Schatte

Los Estados Unidos de Norteamérica desde sus inicios se caracterizó por la constante invocación de Dios en toda actividad y lugar, llegó a la cima del mundo en lo político, militar y económico, pero poco a poco se fue olvidando de Dios, olvidó su compromiso y lo establecido por la Palabra: “Pero si mi pueblo se humilla, y ora y me busca, y si al mismo tiempo abandona su mala conducta, yo escucharé desde el cielo su oración, perdonaré sus pecados y los haré prosperar de nuevo”. El día 11 parece emblemático, ¿nos servirá de algo esa experiencia judía y norteamericana?.
Autor: Helmut Schatte